Convertir una experiencia en profesión
Después de años estudiando, realizando cursos, probando estrategias y gestionando mi propio patrimonio, decidí que quería utilizar todo aquello para ayudar a otras personas.
Pero hacerlo bien exigía algo más.
Por eso continué mi formación y obtuve la certificación profesional necesaria para ejercer como asesor financiero, profundizando todavía más en mercados, productos financieros, riesgos, inversión y fiscalidad.
Para mí era importante que aquella experiencia práctica estuviera acompañada de formación profesional y de una acreditación que me permitiera ejercer esta actividad con conocimiento, responsabilidad y garantías para las personas a las que iba a ayudar.
Saber de productos financieros no es suficiente
La certificación como asesor financiero me permitió profundizar en el funcionamiento de los mercados, los productos financieros, sus riesgos, costes y fiscalidad.
Pero pronto entendí que saber de productos financieros no era suficiente para ayudar de verdad a una persona a gestionar su patrimonio.
Porque puedes conocer perfectamente cómo funcionan los productos financieros y, aun así, seguir sin saber cuál es la decisión adecuada para una determinada familia.
Por eso decidí dar un paso más y me certifiqué profesionalmente como Planificador Financiero Personal, adquiriendo la formación y metodología necesarias para analizar de forma global la situación financiera y patrimonial de una persona o una familia y construir, a partir de ella, un verdadero plan financiero.